El calendario lunar, también conocido como calendario zodiacal, es un sistema tradicional que se utiliza en distintos países de Asia oriental, entre ellos Corea. Este calendario se basa en un ciclo de doce años, en el que cada año está representado por un animal que simboliza determinadas características y energías, como lo menciona el artículo publicado en el periódico mexicano El Universal. Más allá de marcar el paso del tiempo, estos animales funcionan como una guía cultural que invita a reflexionar sobre el ciclo que comienza. Esta explicación se encuentra desarrollada en diversos materiales de divulgación cultural publicados por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo a través de su página web korea.net y en contenidos editoriales disponibles en la Enciclopedia del Folclore y la Cultura Tradicional Coreana, donde se explica cómo el calendario lunar ha sido compartido y reinterpretado dentro del contexto coreano.

En específico, el artículo de korea.net titulado Conozca más sobre los equinos de cara al Año del Caballo 2026 menciona que en este ciclo, el Año Nuevo Lunar da inicio al Año del Caballo de Fuego o byeongoh, un signo que tradicionalmente se asocia con la energía, el movimiento y la necesidad de avanzar. Este significado dialoga con la mitología, el folclore y las creencias tradicionales que forman parte de la cultura popular.
Cuando pensé en el caballo como símbolo, lo primero que vino a mi mente fue la imagen de un animal imposible de detener. Esa idea me llevó a preguntarme qué lugar ocupaba el caballo dentro del imaginario coreano y qué significados había adquirido más allá del calendario. Al consultar la Enciclopedia del Folclore y la Cultura Tradicional Coreana, en particular el artículo “Día del caballo” de Choi Wono, me llamó la atención cómo esta celebración iba mucho más allá del cuidado de un animal. El décimo mes lunar era visto como un periodo especialmente propicio, y el caballo ocupaba un lugar central en los rituales domésticos y agrícolas. A través de ofrendas realizadas en los establos, las comunidades expresaban gratitud por las cosechas y pedían bienestar para los caballos, entendiendo que su fuerza estaba directamente ligada al equilibrio y la prosperidad del hogar, así como lo expresa el autor en este escrito. Lo que más me hizo reflexionar fue el hecho de que esta costumbre haya sobrevivido incluso cuando los caballos dejaron de ser esenciales en la vida cotidiana. Para mí, esto demuestra que el valor del caballo no radicaba únicamente en su utilidad, sino en lo que simbolizaba: energía vital, fertilidad y continuidad. Al leer sobre esta tradición, pensé que honrar al caballo era, en el fondo, una forma de honrar el movimiento mismo de la vida, ese impulso que permite que las cosas sigan avanzando. En el contexto del Año del Caballo, esta idea cobra un sentido especial, pues invita a mirar el cambio no como una ruptura, sino como una expresión natural de abundancia y crecimiento.

Esta manera de comprender a los animales también puede observarse en libros como Leyendas coreanas de demonios, fantasmas y hadas, donde las criaturas no humanas cumplen un papel simbólico fundamental. En estas historias, los animales actúan como mensajeros, guardianes o detonantes del cambio interior. Aunque el caballo no siempre ocupa el centro del relato, su simbolismo coincide con esta lógica narrativa: representa la fuerza que impulsa a seguir adelante cuando el estancamiento deja de ser una opción.
Relacionar esta figura con el Año del Caballo me llevó a una reflexión personal sobre el inicio de un nuevo ciclo. Desde el calendario lunar, este signo se asocia con independencia, acción y determinación. Sin embargo, al mirarlo desde el folclore coreano, ese movimiento no es impulsivo ni vacío; es un avance consciente, una decisión de continuar aun cuando el camino no esté completamente definido.

Para mí, el caballo del Año Nuevo Lunar 2026 simboliza actividad, rapidez y valentía para moverse frente a la incertidumbre. El caballo del folclore coreano no corre para escapar, corre porque entiende que permanecer inmóvil también implica un riesgo.
Al cerrar este recorrido entre calendario, tradición y mitología, comprendí que el caballo representa algo más profundo que un cambio de año. Es una invitación a avanzar, a aceptar el movimiento como parte del crecimiento y a confiar en el impulso que nos conduce hacia lo desconocido. Quizá ese sea el mensaje más claro que este nuevo ciclo lunar trae consigo: atreverse a seguir adelante, incluso cuando el destino todavía no se revela por completo.
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