Siempre he dicho que por medio de la gastronomía de un país conocemos a mayor profundidad su cultura, orígenes y costumbres, por eso hace un año cuando inicie a explorar, investigar y aprender más sobre la gastronomía coreana, un protagonista infaltable de esta cultura me tenía con muchos deseos y curiosidad de aprender a hacerlo desde cero.
Declarado en 2015 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, el Kimchi (김치) ocupa la primera posición como plato nacional por excelencia cuando hablamos de gastronomía coreana; además, que se encuentra dentro de los alimentos más saludables ya que es anticancerígeno, mejora la digestión, fortalece las defensas, ayuda a perder peso, regular los niveles de colesterol, contiene propiedades antienvejecimiento y vitaminas A,B y C.
Para explicar mejor que es el Kimchi, podría decir que es una preparación fermentada o lo que conocemos en Latinoamérica como “conserva” cuya base principal es la col, sin embargo, se puede hacer a base de otras verduras como pepino, rábano, cebollín, etc.
Cuando inicie a preparar platillos de la gastronomía coreana por supuesto que uno de los que más quería hacer era Kimchi, pero como sé que lleva una preparación característica quería tener una buena base para hacerlo, por eso me anote a una clase con la chef coreana Raquel Chang Kim quien imparte clases de comida coreana acá en Costa Rica y amablemente me recibió junto a un grupo de amigas para enseñarnos desde cero a preparar este plato tradicional.

El día que teníamos agendada la clase la chef y su equipo nos recibieron con todos ingredientes y materiales necesarios para que de verdad nosotras hiciéramos desde cero esta preparación, fue muy lindo ver cada detalle y esfuerzo con el que nos dieron la bienvenida.
Una vez iniciado todo, la chef nos explicó la importancia de preparar con antelación la col que se corta por la mitad, se le añade sal a cada hoja y se deja reposar por alrededor de 5 horas para que deshidrate, pasado este tiempo se lava bien entre las hojas para retirar el exceso de sal y también nos explicó cuál es el punto exacto que debe tener la col para que al momento de comerla esté crujiente.
El siguiente paso fue aprender a preparar el pul o pasta de arroz con la que se mezclan los demás ingredientes para esparcir en cada pliegue de hoja de la col, este paso es muy importante para darle a la mezcla la textura ideal; el pul, que debe quedar espeso, es hecho a base de harina de arroz, hojas de Dasima o alga, anchoas deshidratadas y agua.

Una vez listo este paso, lo siguiente fue cortar los vegetales que en este caso usamos, zanahoria, cebolla, rábano y cebollin y finalmente en un recipiente grande se incorpora todo junto al pul que antes se preparó y por último se añade salsa de pescado, sirope de cebolla, azúcar, semillas de sésamo, jengibre, ajo y Gochugaru (chile en polvo tradicional de Corea).
Y con todo esto en su punto exacto se comienza a esparcir la mezcla por cada hoja de la col agregando más cantidad en la parte del tallo, este proceso conlleva mucha paciencia y a decir verdad resulta relajante.

Finalizado todo este proceso se almacena bien compactado dentro de un recipiente hermético, el que será único y exclusivo para el Kimchi y se deja a temperatura ambiente durante un día o más, la chef nos explicaba que esto varía según el calor del ambiente o zona en la que vivamos, por eso nos recomendó probar un poco cada cierto tiempo y una vez esté fermentado o tenga el sabor al que deseamos llegar ya se pueda refrigerar.

Al finalizar la clase y luego de probar un poco nuestro resultado, no podía creer que al fin había cumplido la gran meta de hacer yo misma Kimchi, ese que siempre veo en los K-Dramas y que además tenía un sabor que me transportaba directo a Corea.
Definitivamente el descubrir la gastronomía coreana e incorporarla a mi vida es de las mejores decisiones que he tomado, no es solo replicar un plato y probarlo, se trata de conocer su origen, la relación e importancia que este significa, como en el caso del Kimchi que se originó hace siglos y que debido a las bajas temperaturas del invierno se les complicaba a los coreanos recolectar verduras, por lo que encontraron que la forma más eficaz para conservarlas y poder consumirlas durante todo el año era fermentándolas y almacenarlas.
Además, hacer Kimchi es un momento lindo donde las familias se reúnen para preparar grandes cantidades que reparten con mucho afecto entre sus integrantes como una muestra de cariño, a la vez que ese momento les permite compartir tiempo de calidad entre ellos.
Al finalizar la clase de Kimchi, tomé unos minutos para agradecerle a la chef Raquel por su dedicación y guiarme a cumplir la meta de hacer uno de los platos más icónicos y tradicionales de Corea, también le realicé una pequeña entrevista que está disponible en mi cuenta de Instagram y que comparto acá el link. https://www.instagram.com/share/BANnWv2L3-

Agradezco siempre a la vida las oportunidades de cumplir sueños y que ahora por medio de la gastronomía y cultura coreana descubriera y desarrollará habilidades culinarias que me impulsan a esforzarme por mejorar… De ahora en adelante en mi casa y en mi mesa, el Kimchi no faltará.
¡Que el viaje nunca acabe!

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